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viernes, 23 de junio de 2023

Hace 188 años Rosas le escribía esta carta a Estanislao López.

 



Carta de Rosas a Estanislao López (23-06-1835)

 

Buenos Aires, junio 23 de 1835.

 

Señor Don Estanislao López.

 

Mi querido compañero:

 

Asuntos muy graves de que no he podido prescindir, me han interrumpido varias veces la contracción al trabajo de la intimación, etc., sobre que estamos de acuerdo. Esto es tanto más largo, cuanto que al mismo tiempo he tenido que contestar la dilatada correspondencia de las Provincias del interior, por la relación que tiene con la misma intimación acordada. Estoy ya al concluir todo, y dentro de pocos días tendré el gusto de remitir a usted por un extraordinario lo que me pide le mande hecho, y la contestación a sus cartas pendientes.

 

Respecto a las que usted dirigió al señor Ibarra y Reynafé incitándolos a la unión, tiene usted razón para sentir este paso, tanto más cuanto que luego circulaxon sus copias, pero también debe llenarse de satisfacción si medita lo que yo he publicado desde el principio, aún desde antes de mi exaltación al Gobierno, en los periódicos de esta Ciudad, que he cuidado de remitir constantemente a los Gobiernos y a los hombres influyentes de todas las Provincias del interior, y si se hace cargo de lo que a este mismo respecto habré escrito a todos ellos será una doble razón para su complacencia. Esta correspondencia, sobremanera larga y voluminosa, estoy seguro que si la viese endulzaría las amarguras que nunca faltan a los hombres de su clase en la penosa carrera de los grandes negocios públicos. Pero a este respecto hay bastante con lo que ya le he asegurado, y ahora le repito. Hoy mismo cuando escribo ésta, ya deben haber recibido los expresados sujetos en todas las Provincias citadas, la correspondencia de que hablé a usted, y que condujeron los últimos correos, en donde a todos sin excepción les digo entre otras muchas cosas lo siguiente:

 

"Con respecto al infame atentado cometido en la persona del ilustre General Quiroga, ya .estamos conformes con nuestro compañero el señor López, Gobernador de Santa Fe, sobre los poderosos motivos que hay que creer que la opinión pública no es equivocada al señalar por todos los pueblos que los unitarios ¿on los autores, y los Reynafé de Córdoba, los ejecutores de tan horrendo crimen; y nos ocupamos en ver cómo podremos depurar la República de tales monstruos sin inferir perjuicios a la Provincia de Córdoba, en donde residen, los que serán inevitables, si es preciso atacarlos con fuerza armada. Por lo que hemos pensado hasta el presente sobre este delicado asunto, estoy en que ya muy pronto ambos Gobiernos, invitaremos a los demás de las provincias hermanas para que cada uno por su parte intime seriamente, y de un modo decidido al Gobernador Don Vicente Reynafé que deje el puesto y sus hermanos, los empleos que ocupan, y se pongan a disposición del Gobierno de esta provincia, encargado de las Relaciones Exteriores, y principal interesado en que se descubran y castiguen ejemplarmente los autores y ejecutores de tan excecrable delito."

 

Cuando escribí esto bien conocía la necesidad todavía de la reserva pero más fuerza me hizo la que había ya de no demorar la noticia del juicio que teníamos formado, y de nuestra resolución. Conviene, pues, guardar toda reserva hasta que pasen las circulares que le he de remitir, según estamos de acuerdo, y que yo también he de dirigir directamente. Luego que calculemos que habrán pasado, dirigiremos nosotros las intimaciones que nos corresponden como Gobernantes de las Provincias que presidimos.

 

El Coronel Corvalán no ha despachado la segunda remesa de dinero, según las órdenes que tiene del señor Cullen, porque aún no había parecido a otro patrón. Mas habiendo ayer llegado Casas, él la llevará dentro de tres días que dice dará la vela. Dice dicho Corvalán que este dinero, como que lo ha cambiado él, lo ha verificado con un ahorro de trescientos treinta y tantos pesos, según él dará cuenta al señor Cullen en nota que llevará el mismo portador. Ya debe usted hacerse cargo cuánta habrá sido mi satisfacción al saber su mejoría. ¡Quiera Dios continuarla como son mis sinceros deseos y ruego

 

Nada más puede decir a Usted por ahora su afectísimo compañero.

 

Juan Manuel de Rosas


martes, 11 de abril de 2023

Hace 192 años Rosas le escribía esta carta a Estanislao López.

 



Carta de Rosas a Lopez (11-04-1831)

 

Areco, abril 11 de 1831

 

Señor Don Estanislao López

 

Mi querido amigo.

 

En contestación a su estimable reservada del 25 próximo pasado, debo decirle, que en cuanto llegue al Ejército de reserva veré su estado, y marchará la infantería y artillería, como usted me encarga; entretanto acabarán de llegar a dicho ejército algunos elementos de guerra que aún le faltan para estar provisto de lo necesario, pues como ha sido preciso hacerlo todo de pronto para equipar dicho ejército, pues las remesas hechas antes para Santa Fe, Ibarra, Entre Ríos, divisiones de ésta al lado de usted y equipo de la del General Quiroga, los artículos de guerra que quedaron eran muy pocos respecto de lo que necesitaba el equipo del expresado ejército de reserva. Todo se ha trabajado con el empeño y esfuerzos posibles y en pocos días más, repito que estarán en el ejército los restos de lo que aún le falta para poder marchar.

 

No me dice usted si debe moverse toda la fuerza de que se compone dicho ejército, que según he dicho a usted antes consta corno de 1.500 de caballería, otros tantos infantes, y como 150 artilleros, dos obuses de a [.. >] y 11 cañones de tren volante de igual calibre.

 

 

 

Todo está listo y creo que sin dificultad, luego que lleguen los artículos indicados, pocos que faltan, solamente la caballada, no podrá marchar a más de dos caballos, y esos en mal estado.

 

Deduzco por el espíritu de su carta citada, que pide usted esta fuerza con el objeto de dar una batalla decisiva atacando al General Paz donde se encuentre o lo estime usted conveniente. Es por esto que considero conveniente preguntarle si quiere que yo vaya a ponerme a sus órdenes con dicho ejército o si quiere que vaya el General Don Juan Ramón Balcarce. Éste es bueno. Sabrá obedecer con puntualidad las órdenes de usted, y sin duda creo que no le dará disgustos: tiene también crédito, es muy honrado y no lo considero falto de valor.

 

Sin embargo, creo que mi persona a la cabeza del indicado ejército o fuerzas de esta Provincia, sería más útil que ninguna otra. Hago falta aquí, es verdad, mas pesada una y otra, parece que mi marcha sería más conveniente. Creo que la calidad de ser Gobernador de Buenos Aires no se opone, puesto que siendo usted Gobernador de Santa Fe, y General en Jefe del Ejército auxiliar confederado, desde que yo saliese fuera de la Provincia con destino al Ejército del mando de usted, debía naturalmente estar a sus órdenes.

 

Por lo demás, creo que sabría obedecer sus órdenes sin darle motivos de disgustos a no ser que errare deseando acertar, lo que estoy seguro sería siempre efecto de ignorancia sin consentimiento de mi voluntad. Esta ocasión me ofrece la oportunidad de decir a usted que cuando usted se retiró de esta Provincia estimando conveniente dejarme a la cabeza del ejército Federal después que Lavalle mostró" su impotencia a virtud del escarmiento que sufrió en el Puente de Márquez, a veces llegara a creer que algunas faltas habría cometido, y que usted estimaría conveniente castigarme, yéndose sin despedirse personalmente. Es verdad que esta idea nunca pudo atormentarme porque recorriendo mi conciencia, y mi proceder, al fin pude yo mismo persuadirme que ese mismo proceder en usted era una de las mayores pruebas que podía darme de su aprecio, mostrándome que Don Estanislao López, que tiene valor para tanto, no lo tenía en aquellas circunstancias para un personal adiós: que además quería evitarme el dolor de una despedida triste aunque necesaria. Mas si estoy equivocado, y en algo falté al respeto, y a la más estricta subordinación, sabe el cielo que jamás fué de intención. Y si en efecto falté, usted es el culpado, porque ni me reprendió, ni menos indicó una sola falta. Ojalá que lo hubiera usted hecho siquiera una sola vez aunque hubiera sido sin razón. Me hubiera usted visto obedecerle de cualquier modo, y de la manera más conforme al deber de la subordinación. Después de lo expuesto, usted resolverá lo que considere más conforme y conveniente.

 

 

 

Salud desea a usted su compañero.

 

Juan Manuel de Rosas.


lunes, 26 de agosto de 2019

Se cumplen 188 años de esta Carta de Rosas a Estanislao Lopez








Pavón, agosto 29 de 1831.

Mi Querido Amigo y Compañero Señor Don Estanislao López.

Tengo el gusto de con traerme a la contestación de sus estimables cartas datadas en Córdoba a 28 del pasado y 16 del presente. Si antes no lo he verificado ha sido por lo trabajoso que se han puesto los caminos, a virtud de la falta de caballos, y por no haber habido asunto urgente que comunicarle.

Ya podrá usted hacerse cargo el gusto que tendría con el recibo de las comunicaciones de Mendoza y del General Quiroga. Los unitarios en Buenos Aires hacían correr mil especies que nos perjudicaban; y hasta los mismos Federales creían que podía ser cierta la División en que se nos suponía.



Toda la demás correspondencia que vi 10 acompañada de sus citadas cartas, es también interesante.

Creo que la disposición de usted ordenando el regreso del Ejército, es lo que corresponde atendiendo a la absoluta falta de víveres para mantenerlo, y de caballos p-*ra que marchase adelante alguna fuerza de éste; y atendiendo además a las razones claras que usted expone. Es verdad que su permanencia debía servir para alentar a los Federales que hoy ocupan la vanguardia por la parte de Salta, Santiago y Ca-tamarca, también a los mismos Federales que se encuentran oprimidos en los puntos que ocupan los unitarios que se hallan aún con las armas en la mano, y a desalentar a éstos. Sin embargo, considero que este vacío se suple con las acertadas disposiciones que usted ha tomado en las órdenes que ha dado a Ibarra, Latorre, etc., y al General Quiroga, para que se ponga en campaña a concluir la guerra.1

La carta de Don Miguel Díaz de la Peña datada a 28 de junio y dirigida a Oviedo manifiesta el mal que nos hicieron las comunicaciones del Gobernador Provisorio de Córdoba, Así debió suceder porque aün cuando eran animadas de la mejor intención, el espíritu verdadero de ellas no se hermanaba con nüestra marcha política, ni era conforme a lo que en las circunstancias correspondía. Hablo respecto de las comunicaciones dirigidas a los Gobiernos unitarios, pues aunque las dirigidas a los Gobiernos Federales adolecen también a mi ver de errores involuntarios, éstos pueden repararse.

Me parece que el Gobierno de Córdoba no debió haber contestado a las comunicaciones de los unitarios, sí solamente guardar silencio y dejar obrar al General del Ejército Confederado, como lo hemos hecho los Gobiernos de la liga litoral aún sin ponernos de acuerdo, porque esto era natural en un asunto que por su naturaleza no lo ha necesitado.

La marcha del señor Funes me ha hecho recordar la del señor Viamonte cuyos barros con la mejor intención fueron tantos, y de tal naturaleza, que si más dura en el mando nos hubiese causado males de difícil reparación.

He visto el oficio de usted al Gobierno de Córdoba y su contestación. Estoy contento porque me parece que llenan el objeto poniéndonos en el camino de nuestra marcha política.



La renovación total de la Junta es satisfactoria; porque des: de el día de su erección empieza la marcha del Gobierno verdaderamente legal.

La elección del señor Reinafé me parece acertada, pues aun cuando no lo conozco, considero que por la calidad de sus compromisos por la Federación sabrá conducirse con la energía necesaria, y no extraviarse del verdadero camino de nuestra marcha política, como el único que nos puede conducir, a librar la tierra de tiranos, constituirla pacíficamente, y a nuestra felicidad futura.

Pero mucho me temo, que lo que usted se separe de Córdoba lo envuelvan al señor Reinafé la porción de tinterillos rudos con presunciones de sabiduría, que me parece no faltan en Córdoba y lo hagan cometer errores de difícil reparación.

Aconséjele, compañero, la energía en sus resoluciones en todo lo relativo a los unitarios y a la salvación del país, que al tomar providencias sobre éstos no se pare para resolver; puesto que siempre ha de ser menos malo que cometa injusticias con ellosj que el que por falta de resolución y por los temores a errar se exponga el Gobierno de su administración a, perder su buena opinión con los Federales, y que esto resulten sucesos desagradables. Con los Federales debe ser pues el contrario muy mirado en sus resoluciones, principalmente con los que han quedado sin nada, o han padecido por la causa. Debe procurar hacer esfuerzos para darles hábil colocación a todos aquellos en quienes considere aspiraciones; y debe procurar mucho antes de dar una orden para corregir los delitos de un Federal empleado estar muy cierto de la justicia con que la dé y muy seguro de que se ha de cumplir; y una vez dada no debe retrogradar.

La Junta de representantes a mi ver es de absoluta necesidad que invista al Gobierno de facultades extraordinarias durante la guerra, y la Provincia necesite organizarse, declarándose ella entre tanto en receso, dejando obrar al poder ejecutivo libremente. Este paso, compañero, es enteramente reclamado por las circunstancias. Si así no se hace usted verá pronto las cuestiones que se han de suscitar: que el señor Reinafé no ha de poder marchar, y que su opinión muy pronto ha de decaer.



No extrañe usted que me ingiera a manifestar estas opiniones. Hablo con usted y sé que si yerro he de ser dispensado. Peor sería que considerando que algo puede encontrar usted en ellas útil, dejase de manifestarlas, temiendo aparecer importuno. Digo lo mismo sobre lo demás a este respecto que puede seguir en esta carta.

El oficio y carta del Comandante Blanco dirigida al General Ibarra muestran que dicho Blanco no es hombre común. En ella se encuentra, subordinación, calor, y razones fundadas.

Estas notas, la del General Ibarra, el anónimo de Tucumán y el oficio del señor Brizuela, manifiestan el acierto con que usted les ha ordenado a los señores Ibarra y Latorre que no se entretengan en conferencias y que obren tratando de llamar la atención al enemigo con operaciones activas. Esta orden sin duda producirá grandes bienes, mucho más desde que usted al mismo tiempo ha ordenado al señor General Quiroga que marche sobre el enemigo. Éste, viéndose hostilizado por todas partes, agotará sus recursos, y los Federales comprometidos de Salta adelantarán terreno, tomarán más aliento y harán comprometer a muchos que aún no estén decididos. Observo que el señor Ibarra sigue en la manía de esa decencia mal entendida y peor aplicada; y creo que sería conveniente que usted le aconsejase la necesidad de olvidar esas bondades que tanto nos perjudican. He llegado a creer que al remitirle el Comandante Blanco a los individuos enviados para asesinarlo, ha proveído de conformidad a sus instrucciones.

La experiencia debía ya haber desengañado a nuestro compañero Ibarra que ese sistema bondadoso sólo sirve para perjudicar nuestra marcha. Es muy distinta la posición de usted y la mía, para que lo que nosotros hagamos no pueda servirle de regla y de guía en esta parte.

No tenga usted cuidado por la demora de Manuel. Es verdad que me hace mucha falta, porque estoy solo, pero yo debo hacerme cargo de que cuando usted lo demora es porque lo considera importante y necesario.



to las cuestiones que se han de suscitar: que el señor Reinafé no ha de poder marchar, y que su opinión muy pronto ha de decaer.

No extrañe usted que me ingiera a manifestar estas opiniones. Hablo con usted y sé que si yerro he de ser dispensado. Peor sería que considerando que algo puede encontrar usted en ellas útil, dejase de manifestarlas, temiendo aparecer importuno. Digo lo mismo sobre lo demás a este respecto que puede seguir en esta carta.

El oficio y carta del Comandante Blanco dirigida al General Ibarra muestran que dicho Blanco no es hombre común. En ella se encuentra, subordinación, calor, y razones fundadas.

Estas notas, la del General Ibarra, el anónimo de Tucumán y el oficio del señor Brizuela, manifiestan el acierto con que usted les ha ordenado a los señores Ibarra y Latorre que no se entretengan en conferencias y que obren tratando de llamar la atención al enemigo con operaciones activas. Esta orden sin duda producirá grandes bienes, mucho más desde que usted al mismo tiempo ha ordenado al señor General Quiroga que marche sobre el enemigo. Éste, viéndose hostilizado por todas partes, agotará sus recursos, y los Federales comprometidos de Salta adelantarán terreno, tomarán más aliento y harán comprometer a muchos que aún no estén decididos. Observo que el señor Ibarra sigue en la manía de esa decencia mal entendida y peor aplicada; y creo que sería conveniente que usted le aconsejase la necesidad de olvidar esas bondades que tanto nos perjudican. He llegado a creer que al remitirle el Comandante Blanco a los individuos enviados para asesinarlo, ha proveído de conformidad a sus instrucciones.

La experiencia debía ya haber desengañado a nuestro compañero Ibarra que ese sistema bondadoso sólo sirve para perjudicar nuestra marcha. Es muy distinta la posición de usted y la mía, para que lo que nosotros hagamos no pueda servirle de regla y de guía en esta parte.

No tenga usted cuidado por la demora de Manuel. Es verdad que me hace mucha falta, porque estoy solo, pero yo debo hacerme cargo de que cuando usted lo demora es porque lo considera importante y necesario.



El ejecutado contestó últimamente en su mensaje que no había llenado esta orden, por falta de fondos y que llamaba la atención de los señores Representantes de la Provincia sobre la necesidad de crearlos para llenar el cumplimiento de esta ley. En esto han corrido dos años y yo he conseguido el objeto. Los créditos no se han cubierto, es verdad; pero todos están contentos porque están reconocidos como deuda del tesoro público, y pbrque a virtud de la habilidad con que me he conducido y debo menejarme en adelante en este importante asunto, todos esperan confiados la religiosidad del pago cuando pueda ser.

Se dirá que este crédito no podrá conservarse así más tiempo sin que al fin se pierda la confianza y perjudique la opinión del Gobierno. Esta es una equivocación que yo le explicaré cuando nos veamos.

Esta disposición produce además en otro sentido otro bien, aunque de subalterna atención. Consiste en que todos esos acreedores saben que ningún Gobierno unitario les ha de abonar esos créditos, y que nadie ha de ser más interesado en cubrirlos que el mismo autor de su reconocimiento.

Así como creo que esta obra puesta en ejecución y llevada adelante de una manera hábil y reservada debe producir un bien en favor de la opinión y marcha del Gobierno, debo decir que si no se maneja de ese modo y con el tino necesario, es expuesta y en tal caso puede ser perjudicial]).

Convendría promover que en Córdoba y en todas las provincias ya libres, se hiciesen funerales al finado Dorrego. Medite usted y verá lo que esto nos conviene, tanto adentro como fuera de fct República.

Entiendo que muchos de los unitarios clásicos de Córdoba que están presos tratan de pasar a Buenos Aires y me parece que no debe permitírselos sino tan solamente de tránsito, por pocos días, para pasar inmediatamente a puntos de ultramar, porque la podre en todas partes inficiona el aire y produce enfermedades. •

Los unitarios en Montevideo andan muy cabizbajos. Aquel Estado se halla muy agitado, y el cometa está lleno de temores porque teme mucho su caída. Trata de establecer su Gobierno en el Durazno, llevándose allí sus ministros, y creo que lo hará; pero esto acelerará su caída. Por supuesto que ya han desistido él y sus fautores de proyectos de invasión sobre el Entre Ríos, y por esta razón he hecho retirar la Escuadrilla.



En el día sus planos son dirigidos a jugar la intriga de manera que puedan conseguir dividirnos, asesinarnos e introducir la contusión. No dude usted que en esto están trabajando con habilidad entre las tinieblas de la logia y que les favorece las bondades de los Federales. El Proyecto grande del día en aquel Estado es el que usted verá por la adjunta copia de cartas muy reservada fecha 26 del pasado, sobre los campos de Misiones, y de que voy a dar conocimiento al señor Ferré.

Ya verá usted impresos en el Lucero unos oficios viejos del Gobierno de Corrientes al de Entre Ríos que he mandado publicar.

Estoy seguro que usted no los ha de haber visto y que por esta razón no han visto la luz pública. Creo que el Gobierno Entrerriano se tragó esas comunicaciones creyendo que su publicación sería un motivo para que Santa Fe y Buenos Aires no le mandasen auxilio de tropas. Si así ha sido, en esto se hizo y nos hizo un mal. Primero, porque es necesario que para marchar siempre en consonancia de nuestros principios y arribar al fin de la obra grande, nuestra pacífica consolidación, la buena fe presida a todas nuestras deliberaciones. Segundo, porque el Gobierno de Corrientes debe haber mirado con prevención la falta de esta publicación, culpando no al Gobierno entrerriano, sí precisamente al de Santa Fe y Buenos Aires. Tercero, porque estos oficios publicados en otra época en que son datados nos hubiéramos producido un bien positivo.

Le confieso a usted, compañero, que desde que he notado esta falta, y desde que me he convencido de los manejos y conducta impura de cierto individuo a quien creo que debemos ya considerar como órgano secreto y espía de los unitarios, disculpo en algo y hasta cierto punto esa conducta mezquina e impropia con que se ha conducido con nosotros el Gobernador Ferré. El sujeto de quien le hablo hace poco que regresó de lás provincias de Cuyo. Temo que algo le haya escrito a usted desde su tránsito con la habilidad que sabe manejarse para perjudicar nuestra causa de que a mi ver es un enemigo encubierto: tanto más temible, cuanto que está vestido con el ropaje de la honradez que no le corresponde. Si así ha sido, debo tranquilizarme con la consoladora idea de que usted, como yo, ya debe estar convencido de que a este hombre debemos considerarlo como a uno de nuestros peores enemigos. Cuando nos veamos hablaré a usted con la extensión que jio corresponde a esta carta.



Se me había olvidado decirle en mis anteriores, cuando le hablé sobre la necesidad de que las Provincias ratificasen la autorización que tenían hecha al Gobierno de Buenos Aires para sostener y cultivar las relaciones exteriores, que al ratificar la expresada autorización convendría lo hicieran, anulando o declarando nula toda alteración que se hubiere hecho a este respecto después del motín del de diciembre.

Es adjunta esa carta en copia, de nuestro comisionado en Montevideo, Don Ju^an Correa Morales. Mi opinión es que nosotros no debemos prestarnos a dar la garantía de que habla, porque jamás debemos aprobar que Corrientes, ni ninguna otra provincia de la República celebre por sí semejantes tratados con un Gobierno extranjero; pues esto sería un principio de disolución, o mejor, diré un efecto de ella; cuya aprobación sería la de la misma disolución.

Es verdad que hoy día está de hecho cada provincia independiente de las demás, pero están solamente en lo que concierne a su régimen interior; pero no en lo que interesa a toda la República.2 A esto se agrega que aun cuando Corrientes pudiese entrar en tales tratados, a nosotros no nos conviene contraer por ellos un compromiso que pueda más tarde o más temprano obligarnos a empeñar una contienda, o contra el Estado Oriental, o contra Corrientes, en que al fin saldríamos mal con los dos, o bien porque no prestábamos toda la cooperación que el otro de ellos creería que debíamos prestarle. Tanto más me afianzo en esta reflexión cuanto que estoy cierto de la mala fe del Gobierno Oriental, y que todo su empeño está reducido a ver cómo puede ingerirse en los negocios de esta República e introducir la discordia entre nosotros, etc.



El Don Santiago Vázquez de que habla la carta en copia, es uno de los famosos unitarios enemigos encubiertos que tenemos,

Ya se concluyó el asunto ruidoso del señor Obispo: su recibimiento solemne tuvo lugar el 12 del corriente. Hubo en él un concurso tan extraordinario de gentes y de personas de viso, que no se ha visto jamás otro igual. Los canónigos se han manifestado muy resignados con lo resuelto por el Gobierno, y se han conducido con toda atención hacia su Ilustrísima.

En una carta que va para el señor Lescano, se advierte una nota en el sobre de letra de mi esposa, que dice estar ya nombrado obispo de Córdoba este señor y las bulas en Buenos Aires.

Me parece que el señor Reinafé debía limpiar a los unitarios de Córdoba, sin reparar en los temores de errar, porque menos malo es exponerse a esto que aventurar la quietud pública. Digo esto, porque temo que los unitarios, como nuevo el señor Reinafé en los secretos de la Revolución y en los manejos de estos, le hagan mucho mal, fomentando entre tinieblas con habilidad, las diferencias de los federales y la oposición que se forma al Gobierno.



Me ha complacido mucho saber que la Junta se ocupaba de declarar nulos todos los actos o providencias del Gobierno intruso de Paz que estén en oposición con la nueva marcha, y reponiendo las cosas a su antiguo estado.

Es igualmente de alta importancia que se ocupase de los tratados de alianza bajo el sistema federativo para que autorizado el Gobierno, recabe de los tres litorales adherirse a la liga y entrar en ella.

Un amigo respetable —se refiere a Tomás Anchorena— en carta de 21 de agosto próximo pasado, me dice lo siguiente: ''Un Don Bailón Galán, que en clase He tinterillo o secretario estuvo al servicio, según él dice, del señor General Quiroga cuando vino contra Paz en 1830 o antes, solicitó que este Gobierno le prestase una cantidad para regresar a Córdoba, y mientras se substanciaba esta gestión en el Gobierno, logró que Don Mariano Lozano le prestase 500 5 con qué habilitarse para dicho regreso. Con ellos lo ha verificado ahora quince días, más o menos, y por el canónigo Vidal he sabido que ha dicho lleva la intención de evitar prevenciones y disgustos entre el señor Quiroga y el señor López, Gobernador de Santa Fe, valiéndose al efecto He las relaciones que tiene con el primero y otras personas de importancia en Córdoba y demás provincias interiores. Bueno será que usted haga las prevenciones convenientes para que se pongan en guardia por si es cierto este proyecto". Salud le desea su afectísimo amigo y compañero.

Juan Manuel de Rosas

[Lo que está entre ([ ]) testado en el original].

martes, 11 de abril de 2017

Carta de Rosas a Lopez del 11 de abril de 1831




 

Areco, abril 11 de 1831

 

Señor Don Estanislao López

 

Mi querido amigo.

 

En contestación a su estimable reservada del 25 próximo pasado, debo decirle, que en cuanto llegue al Ejército de reserva veré su estado, y marchará la infantería y artillería, como usted me encarga; entretanto acabarán de llegar a dicho ejército algunos elementos de guerra que aún le faltan para estar provisto de lo necesario, pues como ha sido preciso hacerlo todo de pronto para equipar dicho ejército, pues las remesas hechas antes para Santa Fe, Ibarra, Entre Ríos, divisiones de ésta al lado de usted y equipo de la del General Quiroga, los artículos de guerra que quedaron eran muy pocos respecto de lo que necesitaba el equipo del expresado ejército de reserva. Todo se ha trabajado con el empeño y esfuerzos posibles y en pocos días más, repito que estarán en el ejército los restos de lo que aún le falta para poder marchar.

 

No me dice usted si debe moverse toda la fuerza de que se compone dicho ejército, que según he dicho a usted antes consta corno de 1.500 de caballería, otros tantos infantes, y como 150 artilleros, dos obuses de a [.. >] y 11 cañones de tren volante de igual calibre.

 

 

 

Todo está listo y creo que sin dificultad, luego que lleguen los artículos indicados, pocos que faltan, solamente la caballada, no podrá marchar a más de dos caballos, y esos en mal estado.

 

Deduzco por el espíritu de su carta citada, que pide usted esta fuerza con el objeto de dar una batalla decisiva atacando al General Paz donde se encuentre o lo estime usted conveniente. Es por esto que considero conveniente preguntarle si quiere que yo vaya a ponerme a sus órdenes con dicho ejército o si quiere que vaya el General Don Juan Ramón Balcarce. Éste es bueno. Sabrá obedecer con puntualidad las órdenes de usted, y sin duda creo que no le dará disgustos: tiene también crédito, es muy honrado y no lo considero falto de valor.

 

Sin embargo, creo que mi persona a la cabeza del indicado ejército o fuerzas de esta Provincia, sería más útil que ninguna otra. Hago falta aquí, es verdad, mas pesada una y otra, parece que mi marcha sería más conveniente. Creo que la calidad de ser Gobernador de Buenos Aires no se opone, puesto que siendo usted Gobernador de Santa Fe, y General en Jefe del Ejército auxiliar confederado, desde que yo saliese fuera de la Provincia con destino al Ejército del mando de usted, debía naturalmente estar a sus órdenes.

 

Por lo demás, creo que sabría obedecer sus órdenes sin darle motivos de disgustos a no ser que errare deseando acertar, lo que estoy seguro sería siempre efecto de ignorancia sin consentimiento de mi voluntad. Esta ocasión me ofrece la oportunidad de decir a usted que cuando usted se retiró de esta Provincia estimando conveniente dejarme a la cabeza del ejército Federal después que Lavalle mostró" su impotencia a virtud del escarmiento que sufrió en el Puente de Márquez, a veces llegara a creer que algunas faltas habría cometido, y que usted estimaría conveniente castigarme, yéndose sin despedirse personalmente. Es verdad que esta idea nunca pudo atormentarme porque recorriendo mi conciencia, y mi proceder, al fin pude yo mismo persuadirme que ese mismo proceder en usted era una de las mayores pruebas que podía darme de su aprecio, mostrándome que Don Estanislao López, que tiene valor para tanto, no lo tenía en aquellas circunstancias para un personal adiós: que además quería evitarme el dolor de una despedida triste aunque necesaria. Mas si estoy equivocado, y en algo falté al respeto, y a la más estricta subordinación, sabe el cielo que jamás fué de intención. Y si en efecto falté, usted es el culpado, porque ni me reprendió, ni menos indicó una sola falta. Ojalá que lo hubiera usted hecho siquiera una sola vez aunque hubiera sido sin razón. Me hubiera usted visto obedecerle de cualquier modo, y de la manera más conforme al deber de la subordinación. Después de lo expuesto, usted resolverá lo que considere más conforme y conveniente.

 

 

 

Salud desea a usted su compañero.

 

Juan Manuel de Rosas.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Cumplense 228 años del natalicio de Estanislao López



El militar y caudillo Federal, Estanislao López nació el 22 de noviembre de 1786, en Santa Fe de la Veracruz.


Inició su carrera militar cuando a los 15 años se alistó en el ejército que combatió contra los indios en el Chaco. En esa ocasión estuvo al mando de quién fuera su padre, el Coronel Juan Manuel Roldán quién era su padre pero como era de una relación extra matrimonial su madre terminó poniéndole su apellido, López.


Estuvo bajo el mando del General Manuel Belgrano en la guerra de la independencia en Corrientes y Paraguay. En la batalla de Tacuarí fue tomado prisionero pero mientras era trasladado a Montevideo logró escaparse a nado.


Estando en Entre Ríos protagonizó el Combate de espinillo estando en el bando unitario que peleó contra los federales. Cayó prisionero y en esa ocasión conoció a José Gervasio Artigas que lo persuadió de abrazar la causa federal.


Con algunas idas y vueltas adhirió al federalismo hasta sus últimos días pese a tener algunas discrepancias con Juan Manuel De Rosas.


Fue 20 años gobernador de Santa Fe, provincia que lo adoró con devoción.


Al momento de su muerte, el 15 de junio de 1838, se decretaron 3 meses de luto y su cortejo fúnebre fue el mas impactante de toda la historia santafecina.